Él aterrizó en Madrid en 2019 desde Calabria, con una maleta llena de sueños, ganas de aprender... y ni una palabra de español. Ella llegó poco después desde Sevilla, acompañada por un perrito recién rescatado llamado May, lista para revolucionar su vida. Spoiler: lo consiguió.
Sin saberlo, sus caminos ya estaban haciendo cola para cruzarse. Entre rutinas y horarios, coincidieron en el lugar menos romántico: el gimnasio. Ella, con sus cascos puestos y cara de “no me hables”, mientras él la miraba desde lejos pensando: “guapa, pero borde”. Pero el destino —y un tatuaje— tenían otros planes. Su primera conversación fue: “¿Te dolió mucho ese tatuaje?” Y así, empezó todo.
Un domingo cualquiera compartieron una cerveza, él cocinó pasta, y ella le presentó a May. Lo que empezó tan sencillo se convirtió en una aventura compartida llamada amor: cómplices, mejores amigos, y una familia que creció con la llegada de Lillo, el nuevo fichaje peludo.